Suecia y surstromming

1Los libros interesantes tienen la facultad de, no sólo transportarte al mundo o escenario que narren, sino que también te hacen sentir ganas de comer lo que comen, tener el ordenador que usan o vivir el tipo de vida de sus protagonistas. Esto tiene sentido si te lees un libro sobre asadores castellanos, pues te imaginas el corderito con hierbas y una buena ensalada y claro, se te cae la baba. Lo que es menos normal es que te apetezcan sándwiches pobres y patatas fritas de bolsa. Millenium está lleno de referencias a este tipo de comida. En los largos períodos de reclusión en diferentes sitios –psiquiátricos, cabañas en el campo, cárcel- de los personajes, ni uno se pega una buena comilona. Sólo porquería. Pero quién va a fiarse de personajes suecos teniendo en cuenta que esa gente come una de las “exquisiteces” más inmundas del planeta: el surstromming. Esa palabra que no es una estantería de Ikea se traduce al español como: ábrelo si tienes huevos. Lo que contienen estas latas traicioneras es, ni más ni menos, que pescado podrido: lo meten en salmuera, lo fermentan, lo limpian –ya me contarás tú para qué- y lo enlatan. Las latas encierran una bomba literalmente, ya que debido a la fermentación, se llenan de gases. Dicen que es recomendable abrirlas fuera de las casas porque sale en plan geiser. Digo yo que sería más útil una advertencia que diga algo como: tío, tira esta mierda y cómete un chuletón con patatas a lo pobre. Luego dicen que en Suecia hay una tasa de suicidios muy por encima de la media europea. Con lo lista que es esta gente, ¿nadie ha pensado que es por comer esas porquerías? Quién iba a querer vivir muchos años si tiene que abrir latas de esto el día de la reunión con toda la familia. Mira que hay trabajos chungos en el mundo, pero ése te incita al suicidio o la matanza colectiva. El motivo oculto de Zala –el malo del libro- para todas las fechorías, tendrá su origen en el surstromming. Fijo, que él era extranjero y tendría más criterio que ellos. ¡Suecos del mundo: venid a Evboca a comer un Evita Perón o un guiso del día! Viviréis más felices. Sin suecas, pero felices.

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