Comida en la literatura 1 – La morcilla

Fiesta de Halloween en Evboca

Si Drácula hubiera superado el tedio romanticón que es su propia novela y viviera hoy en día, ¿qué comería? Está feo ir mordiendo cuellos por la calle. Dejas chupetones, los novios celosones se enfadan y al final acaba todo el mundo con jerseys de cuello alto. Y eso, no es tendencia. Tampoco le veo asaltando camiones de Cruz Roja en la puerta de las empresas en plena campaña de donación. Drácula viviría en la actualidad, pero no creo que se cambiara de ropa, así que llamaría bastante la atención.

Además, sabría que si entra en un camión de esos, acabaría con una goma en el brazo y un bocadillo de chorizo de Pamplona. Si, por el contrario, hubiera un hiper para vampiros, no tendría gracia. Van, compran un brik de sangre tipo Cumbres de Gredos, o una botella con pedigrí, si es de buena raza. Supongo que habría añadas, denominaciones de origen, etiquetas pomposas y nombres ostentosos: “Château De La Sang” sería el pijo; “Cuello de gordo”, el de brik. Pero eso sería normalizar. Y la inspección de higiene o de Chicote haría estragos. Así que suponiendo que comiera algo normal, ¿qué sería, morcilla? A pesar de los hidratos del arroz y de que la sangre esté cocinada, no parece mala idea, ¿no? Los vampiros ya existían en la época anterior al fuego, según pelis y libros, con lo que tendría cierto sentido comerse la sangre directamente del cuello. Como los japoneses, que se comían las cosas crudas y con palillos. Pero tras el invento del fuego y de los cubiertos, no tiene sentido comer con palillos, ni directamente del cuello, ni sin cocinar. Y la sangre líquida se quita muy mal de la ropa, si te manchas. Todo el día con el cebralín o la lejía. No compensa. La morcilla es, por tanto, la mejor opción, dado que la sopa de sangre o la sangre con leche que comen los masái, no parecen dignas de un restaurante con estrellas Michelín. Si quieres poner la morcilla en plan fino, vente a Evboca Pinchos y tómate un Tigretostón: crema de queso, pan de centeno, morcilla, mermelada… Sí, será una bomba calórica, pero todo lo que está bueno, es pecado. Y ¿a quién le gusta ser bueno todos los días? “Me voy a tomar un atrevimiento”, que dice mi tío. Que si no llega Drácula y me muerde el cuello, y yo soy muy sensible y caigo como un tontorrón.

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